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Image credit: © MLB photos via USA TODAY Sports
Traducido por Marco Gámez
Recientemente, varios prospectos que participan en la Liga Dominicana de Verano de 2026 han comenzado a generar gran expectativa en la industria del beisbol, llegando a figurar entre los 101 Mejores. Probablemente, hayas escuchado sus nombres en las redes sociales: el jardinero de los Royals, Angeibel Gómez; el jardinero de los Phillies, Francisco Rentería; y el jugador de cuadro de los Mets, Wandy Asigen, entre otros.
Ningún jugador de la Liga Dominicana de Verano entró en nuestros 50 Mejores de mitad de temporada de 2026, aunque sí consideramos seriamente a Gómez y Rentería, y Gómez en particular se perfila para estar en la mitad superior de los 101 Mejores de 2027. Sin embargo, creo que, con la amplia expectativa que rodea a estos jugadores desde todos los ángulos del análisis de prospectos, vale la pena reflexionar sobre por qué somos algo cautelosos al sobrevalorar a los prospectos de la Liga Dominicana de Verano, principalmente por el nivel de competencia y la falta de experiencia profesional.
Es obvio que nuestro seguimiento en directo de los prospectos de la Liga Dominicana de Verano es prácticamente inexistente. No tenemos ningún miembro del equipo que escribe sobre prospectos que viva en República Dominicana ni que viaje allí con frecuencia. En la segunda mitad de la década de 2010, esto representó un obstáculo casi insuperable para identificar y clasificar a los mejores prospectos de la Liga Dominicana de Verano, y una combinación de eso y el desvanecimiento de las primeras expectativas (como las de Kevin Maitán y Erick Peña) nos llevó a ser extremadamente conservadores; a menudo, simplemente evitábamos clasificar a los jugadores hasta que llegaban a Estados Unidos.
Hoy en día, tanto los videos como los datos avanzados, lo que podríamos llamar el nivel de análisis tipo Baseball Savant, son bastante accesibles para nosotros a través de diversas fuentes. Esto nos ha dado mayor confianza a la hora de clasificar a los prospectos internacionales, incluso en su primer año como profesionales. Sin embargo, es fundamental tener en cuenta el contexto en el terreno de juego donde se producen las acciones que analizamos.
En la era posterior a la pandemia, la Liga Dominicana de Verano ocupa un lugar muy particular dentro del panorama del béisbol. Mientras que las ligas de complejos nacionales–la Liga de Complejos de Florida y la Liga de Complejos de Arizona–han evolucionado hacia un circuito híbrido que combina el nivel de novatos con el de temporadas cortas, la Liga Dominicana de Verano está compuesta casi exclusivamente por jugadores internacionales recién fichados que cursan su primer o segundo año como profesionales. Aunque ocasionalmente algún jugador tarda más de dos años en ascender, o incluso algún seleccionado en el draft nacional es enviado allí (como ocurrió con Abimelec Ortiz en 2021, quien llegó tras jugar en una universidad vocacional de Florida sin haber sido seleccionado previamente), la realidad es que el nivel competitivo se basa casi totalmente en adolescentes recién contratados. Incluso el número de equipos varía cada año, ya que las organizaciones deciden inscribir uno o dos conjuntos según la calidad del talento que poseen en sus complejos dominicanos.
Además, lo que se registra oficialmente como la temporada de la Liga Dominicana de Verano representa solo una parte de la actividad beisbolística que estos jugadores desarrollan a lo largo del año. Si bien los partidos oficiales, aquellos que aparecen en MLB.com y cuyas estadísticas terminan en el reverso de las tarjetas de béisbol, se disputan entre principios de junio y finales de agosto, los equipos de la Liga Dominicana de Verano suelen comenzar a efectuar juegos no oficiales hacia mediados de abril, coincidiendo más o menos con los entrenamientos de primavera. Asimismo, tras finalizar la temporada oficial de la Liga Dominicana de Verano, la actividad continúa inmediatamente con la liga instruccional dominicana, un torneo organizado, pero sin estadísticas oficiales, durante un par de meses más. Se trata, en esencia, de los mismos jugadores compitiendo bajo condiciones similares; la única diferencia es que sus estadísticas no se registran en sitios como Baseball Reference. En resumen, el registro oficial de la actividad abarca apenas la mitad de lo que realmente sucede. Cabe añadir que, para la mayoría de estos jugadores, esta es su primera experiencia siendo evaluados como profesionales, y muchos de ellos no habían sido observados con frecuencia por los busca talentos en los años previos a su contratación debido a acuerdos alcanzados con antelación.
Por último, el entorno de juego no se parece a nada de lo que uno reconocería en otros niveles del béisbol profesional afiliado. Los equipos de la Liga Dominicana de Verano están anotando un promedio de 6.4 carreras por juego este año. La liga registra un OBP de .400. El pitcheo es malo e irregular, de una forma que no se ve ni siquiera en las ligas de los complejos de entrenamiento en Estados Unidos; simplemente no hay suficientes lanzadores de calidad profesional real provenientes de los mercados de firmas internacionales para ofrecer el volumen de repeticiones que los equipos necesitan para sus bateadores. La calidad mínima de repertorio y control que uno espera ver en ligas menores a veces simplemente no existe en la Liga Dominicana de Verano.
Al evaluar a peloteros amateurs de Estados Unidos, hablamos mucho de los “swings de bate de metal”; esto se refiere básicamente a que los bates utilizados en la mayoría de las competiciones universitarias y de escuela secundaria recompensan tipos de contacto que serían castigados si se usaran bates de madera. Un fenómeno similar ocurre en la Liga Dominicana de Verano: dado que estos lanzadores mediocres no lanzan muchos strikes, y menos aún strikes de calidad, si eres muy selectivo (o incluso pasivo), puedes inflar tus estadísticas ofensivas aprovechándote de lanzamientos fáciles y centrados. Y, al hacerlo, conseguirás muchas bases por bolas. De los cuatro jugadores mencionados anteriormente, Asigen encaja perfectamente en este perfil: es cierto que registra velocidades de salida de élite muy prometedoras, pero también es verdad que apenas hace swing (su frecuencia está muy por debajo del 40%). Y si bien un jugador como Juan Soto puede permitirse tasas de swing tan bajas gracias a su increíble capacidad para distinguir strikes de bolas y a su estatus como uno de los bateadores más temidos del deporte, pasará bastante tiempo antes de que aceptemos que Asigen hace lo mismo por elección propia, en lugar de simplemente esperar lanzamientos fáciles.
Nuestra hipótesis, basada en los datos de la Liga Dominicana de Verano, es que este entorno está inflando tanto sus habilidades de contacto (su porcentaje de contacto dentro de la zona ha rondado el 80% durante toda la temporada, lo cual no es excelente) como sus datos de batazos fuertes. En resumen, necesitamos verlo enfrentarse a un pitcheo de mayor nivel para considerar a Asigen como uno de los prospectos de élite del beisbol. Por ahora, lo clasificamos como un prospecto interesante cuyo poder es mayor que su capacidad de contacto; es un nombre al que habrá que seguir la pista para ver si puede repetir estos resultados ante una competencia más fuerte.
Probablemente dediquemos más tiempo a analizar a los mejores jugadores de la Liga Dominicana de Verano que a cualquier otro grupo de prospectos, ya que estas evaluaciones son mucho más complejas y requieren mayor contexto y matices que la mayoría. Es sencillo determinar a qué nivel de competencia se ha enfrentado Josué De Paula este año y contextualizar sus impresionantes números, pero resulta mucho más difícil hacer lo mismo en el caso de Asigen. Y que no quepa duda: somos atrevidos a la hora de valorar a los prospectos de la Liga Dominicana de Verano cuando las circunstancias lo justifican. Confiábamos plenamente en Josuar González el año pasado, y tenemos mucha confianza en Gómez y Rentería este año; sin embargo, también queremos ofrecerles el contexto adecuado y reconocer los riesgos que ello conlleva.
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